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miércoles, 1 de junio de 2016

A Map of Old & New Castile


FUENTE:
Título:
A Map of Old & New Castile
Fecha:
[1730?]
Edición:
London : Sold by Iohn Senex at the Globe in Salisbury against St. Dunstans Church Fleetstreet
Idioma:
Inglés
Escala:
[ca. 1:1.134.000]
Medidas:
46 x 56 cm en h. de 54 x 68 cm

miércoles, 23 de marzo de 2016

EL BLOG DE INDALECIO CARRASCO

NACIÓ EN JARAÍZ DE LA VERA EN 1942, ESTUDIO MAGISTERIO Y EMPEZÓ A TRABAJAR COMO MAESTRO EN BARCELONA Y LUEGO REGRESO A EXTREMADURA, DONDE EJERCIÓ LA PROFESIÓN EN LAS HURDES Y DIVERSOS PUEBLOS CACEREÑOS. EN ESTE BLOG, QUEREMOS DAR A CONOCER EL CONTENIDO DE LOS LIBROS EDITADOS Y DAR A CONOCER LOS NUEVOS LIBROS QUE ESTAMOS EN ESPERA DE PUBLICAR.

 http://elblogdeindaleciocarrascodominguez.blogspot.com.es/2009/09/obra-historica.html

sábado, 1 de marzo de 2014

La rebelión de los justos

Más que interesante estudio de Jesús Barbero Mateos para colóquios históricos de Extremadura sobre la represión de los maestros rurales de las Villuercas, que en teoría no eran afines a la ideología del bando nacional vencedor. 
En una anterior entrada de noviembre del 2010 ya hable sobre el maestro represaliado Jacinto Romero Pardo al encontrar por casualidad una postal suya que se vendía en la red, gracias a Jesús Barbero Mateos conocemos como fue injustamente represaliado por las autoridades falangistas, en contra del sentimiento general de los vecinos de Navezuelas,entre los cuales gozaba de  gran estima, al igual que los vecinos de Deleitosa con su maestro Ebaristo Jiménez Sánchez que también fue represaliado.

CONSIDERACIONES PRELIMINARES
 La rebelión armada del 18 de julio de 1.936 supuso, para la educación, en general y para el magisterio, particularmente, un tremendo mazazo, por cuanto significó el retroceso en la formación de las sucesivas generaciones de españoles, a la vez que instauró un régimen de terror entre los docentes, al someterlos a un cruel y perverso proceso de depuración política, que debía determinara las adhesiones al nuevo “régimen” o, por el contrario, identificar a los maestros, “desafectos” al mismo, para aplicar sobre ellos ensañadas sanciones. Cerca de 1.200 maestros de la provincia de Cáceres, según la documentación obrante en el Archivo General de la Administración, padecieron el proceso, en el que presunción de culpabilidad era el principio rector en la tramitación de los expedientes, en una de las pocas acciones decididas en la política de los primeros tiempos del franquismo, en medio de la desidia administrativa general.
La Junta de Defensa Nacional no perdería el tiempo emitiendo, a propuesta del Rector de la Universidad de Zaragoza, “órgano superior de la enseñanza”, un Decreto[2] el día 19 de agosto de 1.936, con instrucciones que orientaban el procedimiento.
El día 26 de agosto de 1.936, Eduardo Málaga, Inspector Jefe de la provincia, concretó para los alcaldes y maestros, Instrucciones[3] relativas al comienzo del curso escolar. En ellas se establecía la necesidad de demostrar en las zonas ocupadas, la normalidad en el funcionamiento de los organismos oficiales, entre ellos la escuela, “como piedra fundamental del estado, que ha de contribuir a la españolización de las juventudes del porvenir, orientada en los últimos años en sentido inverso”.
Para ello se dotaba de poderes plenos a los alcaldes, que debían vigilar que la enseñanza impartida era la adecuada y exaltaba el “patriotismo sano”; informar “las debilidades y orientaciones opuestas” de los maestros y si sus conductas habían “perturbado las conciencias infantiles”, en cuyo caso, los Rectores ordenarían con toda urgencia su sustitución; y comunicar los maestros que se hubieran presentado el día uno, únicos a los que los habilitados estaban autorizados a pagar. En los pueblos donde no se hubiese presentado, el alcalde designaría a un sustituto interinamente, entre los maestros de la localidad o de localidades situadas a menos de 5 kilómetros. Si no se encontraban maestros, podría nombrarse a cualquier titulado universitario, eso sí, de reconocida moralidad y patriotismo.
Por su parte, el Gobernador Civil de Cáceres, mediante Circular[4] de 1 de  septiembre de 1.936, establecía que “la Guardia Civil, procederá a averiguar y formar relación de los maestros nacionales clasificados por ideas socialistas, comunistas y francamente izquierdistas, a fin de ordenar su destitución”.
Hasta aquí los prolegómenos del proceso. Pronto comenzaría a normalizarse el mismo en todo el territorio, con normas comunes.
El Decreto de 8 de noviembre de 1.936, creaba las Comisiones Depuradoras, al considerar que “la atención que merecen los problemas de la enseñanza, tan vitales para el progreso de los pueblos, quedaría esterilizada si, previamente, no se efectuase una labor depuradora en el personal que tiene a su cargo una misión tan importante como la pedagógica (…)”[5]. Las Comisiones Provinciales de depuración, supervisadas por la Comisión General Central de Depuración del Magisterio, solicitaban informes de los maestros en modelos normalizados, a las “personas de orden” de las localidades donde estaban ejerciendo: Guardia Civil, Alcalde, Juez, Cura, Jefe de Falange, cabezas de familia de acreditada moralidad, etc., a partir de los cuales proponían la absolución, o bien, imputaban cargos y proponían las sanciones que creían más adecuadas.
Una Orden de 7 de diciembre de 1.936, señalaba las sanciones a aplicar, que iban desde el traslado forzoso, a la separación definitiva del servicio.
El 18 de marzo de 1.939, otra Orden señalaba causa suficiente de sanción, la pasividad de quienes pudiendo haber cooperado con los sublevados, no lo hicieron.
Como colofón del proceso, el gobierno rebelde aprobó una Ley el 10 de febrero de 1.939, en la que se compilaban las normas depuradoras, tratando de actuar con rapidez para identificar y reintegrar a los afines y localizar y sancionar a los que “contribuyeron a la subversión y prestaron asistencia a quienes por la violencia se apoderaron de los puestos de mando de la Administración”.
La Disposición Adicional Segunda establecía: “La depuración del personal docente que depende del Ministerio de Educación nacional, se efectuará con arreglo a las normas especiales que al efecto se dicten”.
En todo caso, como este proceso “purificador” se extendió también a los maestros “no contaminados”, al terminar la guerra, los que pudieron probar su hostilidad a la República, tuvieron que superar unos exámenes y seguir unos cursos de orientación profesional, “para saturar su espíritu del contenido religioso y patriótico que informa nuestra cruzada”[6].
A continuación trataremos de arrojar un poco de luz sobre la depuración del magisterio que ejercía en el ámbito de lo que es hoy el CRA “Las Villuercas”, ocho localidades en total, pertenecientes a tres partidos judiciales. Para ello se han consultado y analizado los expedientes de los 17 maestr@s que ejercían en estos pueblos, obrantes en el Archivo General de la Administración, que acarrearon desiguales consecuencias, como veremos. Hemos agrupado la información obtenida en cuatro bloques, referidos a datos personales; características profesionales; aspectos socio-políticos y una cuestión abierta. Pondremos de manifiesto las principales características de los tres primeros bloques, centrándonos a continuación en los procesos seguidos a dos maestros, cuyas consecuencias fueron la destitución fulminante en un primer momento, y la sanción al finalizar la tramitación de sus correspondientes expedientes.
CARACTERIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN EN LAS “VILLUERCAS BAJAS”

Comenzaremos fijándonos en las personas que ejercieron la tarea de  informantes, para ubicarnos adecuadamente en las fuentes de que las que se nutría la administración, para conocer sobre el magisterio. Sus informaciones, según se desprende del análisis de los expedientes, están cargadas de subjetividad, por cuanto sobre un mismo maestro aparecen, en algunos casos, informaciones radicalmente opuestas entre unos informantes y otros, llegando, incluso, a advertir unos sobre las posibles inexactitudes aportadas por otros.
 Eran individuos que ocupaban puestos de responsabilidad local y que eran requeridos por la Comisión Depuradora, para informar y emitir juicios de valor sobre los maestros, cumplimentando un cuestionario elaborado al efecto.
Esta función fue desempeñada, en la práctica, por los estamentos a los que el régimen consideraba los pilares de la nueva sociedad: El Alcalde, el Cura, el Comandante de Puesto de la Guardia Civil, el Juez, el Jefe de Falange y “personas de orden” con reconocida moralidad e intachable conducta religiosa, política y social....

JACINTO ROMERO PARDO. Maestro de Navezuelas

El otro caso de ensañamiento de las autoridades ocurrió en la localidad de Navezuelas, recayendo las acusaciones sobre el maestro Jacinto Romero Pardo.

La acusación. El día 9 de septiembre de 1.936, el alcalde de Navezuelas, Román Benito, comunica al Gobernador Civil de Cáceres que el maestro Jacinto Romero Pardo “ha sido muy comunista”.
Destitución. Con esta información, el día 21 de septiembre de 1.936, el Gobernador destituye a maestro, a través del servicio de inspección.
El maestro se defiende. El día 7 de octubre, tras recibir la noticia de su cese, el maestro remite dos escritos y diversos certificados de conducta al inspector jefe, para que sean tramitados, así como otro escrito al gobernador, suplicando que le reponga en su cargo.
Alegaba que siempre había desempeñado su trabajo con convicciones católicas y que no había pertenecido a ningún partido político ni asociación, a la vez que estaba sumado al movimiento, afiliado a las milicias de su pueblo, Herreruela, donde le había sorprendido el Movimiento. “Asaltaron los rojos el cortijo donde con mis familiares me encontraba pasando las vacaciones, en las proximidades de Puebla de Obando (Badajoz), donde fui amenazado de muerte para que entregara las armas y, además, robado y maltratado”. Termina suplicando que se recaben informes suyos si alguno fue “equivocado” y adjunta uno sobre su personalidad, para que lo tenga en cuenta.
El segundo de los escritos, iba avalado por la firma de 314 cabezas de familia de Navezuelas, mayores de 25 años, personas de intachable conducta, en el que, habiéndose enterado de la destitución del maestro y “como personas interesadas en la enseñanza de los chiquillos, hombres del mañana de nuestro pueblo”, manifiestan su  profundo pesar, por tratarse de un funcionario competente. Suplican que sea repuesto en su cargo para, basado en los principios de religión y patria, dote a los niños de suficiente civilización y cultura; porque goza de la simpatía y afecto del vecindario, es digno del más entusiasta aplauso de los padres de familia, por su labor, en nada contraria al Movimiento Nacional.
Aporta varios certificados, fechados el 30 de septiembre en Herreruela y firmados por el alcalde, Tomás Bas Flores; el cura, Gregorio Rocha Fernández y el jefe de Falange, Urbano Chaparro Moreno. Todos ellos coinciden en afirmar que Jacinto Romero Pardo, al igual que su familia, es de conducta intachable moral y religiosa, es considerado como persona de orden y de derechas. Había llegado a Herreruela con sus padres a primeros de agosto, solicitando vigilancia armada, por huir de los rojos que habían asaltado el cortijo donde se encontraban. Desde entonces estuvo en las milicias patrióticas, prestando servicios de vigilancia.
Se recaban informes. Pero los trámites del proceso de depuración continúan de forma inexorable. En enero de 1.937 se remitieron a la comisión depuradora del magisterio de Cáceres, a requerimiento de ésta, los informes del maestro. Fueron dados por el Alcalde, Antonio Durán, el cura, José Blanco Gallego y el vecino Román Benito (que, como anterior alcalde, había informado negativamente sobre el maestro, por lo que éste fue destituido).
Según estos informes, Jacinto Romero Pardo, que llevaba más de tres años en la localidad, era natural de Herreruela, de 30 años, estaba casado y tenía dos hijos. Todos coinciden en que no era católico practicante, apuntando el alcalde que su familia sí lo era. Fuera de la escuela se ocupa de los asuntos de su casa, pasear con su familia y “distraerse con funcionarios de mal  proceder político”.
Dedica a la escuela las horas reglamentarias, con juegos tradicionales del país y de la edad. Enseñaba bien y con entusiasmo y estaba afiliado a la Asociación Nacional de Maestros de Primera Enseñanza, habiendo sido suspendido.
En las observaciones se señala que era apreciado por el vecindario y que tenía más amistades con los de izquierdas que con los de derechas. El cura profundiza con más detalles “se acompañaba del médico, don José Mateo y de otro maestro, Fernando Collado, sin cargo, que eran de mala conducta. Se dice de él que inspiraba en el socialismo al casero. Votaba a izquierdas, aunque en mis tiempos no se le vio haciendo mofa de los actos religiosos. Ahora cumplía y paseaba con el cura, antes nada de eso”.
Pliego de cargos. Con estas informaciones, la Comisión formula el pliego de cargos y se lo comunica al maestros el día 16 de mayo de 1.938. En el mismo se le acusa de hacer ostentación de ideas izquierdistas, socialistas y comunistas, votando al Frente Popular y teniendo sus amistades entre los elementos destacados de izquierdas.
Alegato de descargos. El día 28, desde Navezuelas, remite el maestro sus descargos y doce certificaciones de defensa a la comisión de Cáceres. Sabedor de su inocencia, en el escrito no profundiza mucho sobre su defensa, indica que como las certificaciones que deben obrar en poder de la Comisión y las que remite prueban suficientemente su ayuda moral, personal y económica desde el primer día al Glorioso Movimiento, así como su conducta moral, profesional y política y, sobre todo, “que no es cierto ninguno de los cargos que han motivado el expediente que se me instruye, prescindo de defenderme acusando y de hacer sucios retratos morales y políticos”.
De los doce documentos exculpatorios que remite, seis se emiten en Herreruela  por el Secretario del ayuntamiento, Pedro Holguera Chaparro; el comandante de puesto de la Guardia Civil, Diego Pérez Barra; el alcalde, Gerardo Gómez Pardo; el Juez municipal, Fidel Hidalgo; el cura de Herreruela, Gregorio Rocha Fernández y el jefe de Falange, Urbano Chaparro Moreno. Estos informes acreditan que el maestro había demostrado incondicional adhesión al movimiento, pertenecía a Falange, donde había desempeñado varios cargos: instructor de flechas, delegado sindical y delegado de prensa y propaganda; había prestado servicio en las milicias del pueblo, cumpliendo con lealtad y entusiasmo, contribuyendo con las suscripciones, demostrando patriotismo, de intachable conducta pública y privada, cumplidor como buen católico y apreciado por vecinos y autoridades.
Por su parte desde Navezuelas, el vecino Vicente Álvarez, además de afirmar que la conducta del maestro había sido siempre intachable, benéfica y justiciera, libre de rencillas, hace el siguiente relato: “el 21 de febrero de 1.936 por la tarde, como ciertos individuos socialistas insultaron y quisieron asesinar a los hijos del primer teniente de alcalde de entonces y ahora, D. Vicente Álvarez Alama, acertando a pasar por allá para ir a su casa, les afeó su pésimo proceder y sosteniéndoles con harto peligro de su vida, no tanto con razones, cuanto con su propio cuerpo, libróles a Pedro y Flaviano Álvarez Cortijo, hoy en los frentes de combate, de un atropello y muerte ciertas. Lo digo en nombre de mis hijos ausentes”.
La presidenta del Consejo local de Primera Enseñanza, Tomasa Porras Sánchez, certifica que ha desempeñado su labor admirablemente, ajeno a la política y con el aplauso de los vecinos, dando facilidades para que los niños pudieran santificar la fiesta. “No enseñó nada en contra de la patria, la moral o las buenas costumbres, ni en su escuela se cantó la internacional, marsellesa o himno de Riego”. Jamás vertió ideas izquierdistas ni se le vio en manifestaciones ni mítines del Frente Popular, ni estuvo en la casa del pueblo, ni promovió algaradas ni escándalos.
El cura matiza positivamente y rectifica parcialmente sus indicaciones iniciales. Ahora asegura que aunque no frecuentó la iglesia antes del alzamiento, “fue por miedo a perder su escuela, no por irreligioso. En ningún momento coartó la libertad de su familia, habiendo bautizado a sus hijos “y al que murió lo enterró cristianamente”. Tampoco había impedido a los niños de la escuela asistir a oficios religiosos y “si los monaguillos llegaban tarde, no les ponía mala cara”.
Las autoridades locales, junto al comandante de puesto de Berzocana, Evaristo Blázquez Maeso, también se implicaron a favor del maestro, asegurando que no había estado afiliado a ningún partido y que era incierto que manifestara ideas izquierdistas, dado mítines ni conferencias, pisado la casa del pueblo, o ido a manifestaciones. En la escuela estuvo alejado de la política y “no cantó internacional, marsellesa ni himno de Riego”, ni saludado. En las clases nocturnas explicó la constitución republicana, pero se resistió a poner la bandera tricolor. No votó las candidaturas de izquierdas.
Nuevamente, aporta un escrito firmado por 314 vecinos de Navezuelas, informando muy favorablemente sobre el maestro, en estos términos: “en la escuela su cumplimiento ha sido demasiado rigorista, invirtiendo más tiempo del mandado, tratando a niños y adultos por igual, no sembrando ideas contrarias a nuestra nación e historia y proporcionando a los escolares más material del presupuestado, abonándolo de su dinero y juzgando que a nuestros niños, dado su medio ambiente no se les podía pedir más erudición. Su conducta privada y pública ha sido digna de los mejores aplausos, siendo el verdadero maestro que enseña con el ejemplo. Jamás le hemos visto actuar en política ni asistir a manifestaciones o participar en actos perniciosos”.
Propuesta de sanción. Analizada toda la documentación por parte de la comisión, el día 20 de agosto de 1.938, se propone la sanción, al estimar completo el expediente. Por unanimidad se acuerda proponer la suspensión de empleo y sueldo por trece meses y un día, sirviéndole de abono el tiempo ya suspendido.
Sanción definitiva. Sería más de un años después, cuando el 26 de octubre de 1.939, la comisión superior propusiera al Ministro, sin atender en nada las verdaderas circunstancias del maestro, el traslado forzoso dentro de la provincia, con prohibición de solicitar cargos vacantes, durante un periodo de dos años e inhabilitación para el ejercicio de cargos directivos y de confianza en Instituciones Culturales y de Enseñanza.
Esta fue la sanción que debió sufrir el maestro, por las acusaciones, falsas a tenor de los informes aportados, del alcalde de Navezuelas, Román Benito, apoyado inicialmente por el cura de la localidad, José Blanco Gallego.
Se cierra el expediente de este maestro, como el de otros tantos miles en todo el territorio, con una injusta sanción, fundamentada en falsas acusaciones de las autoridades, en los primeros momentos de la rebelión.

En resumen, en el caso de Evaristo Jiménez Sánchez, la causa real de su acusación estuvo en que había acudido desesperado a Madrid para tratar de buscar curación a la enfermedad ocular de su mujer. Ante su falta de recursos, se dirigió al diputado por la provincia de Cáceres, José Giral, quien le ayudó, a cambio de su nombramiento como presidente de Izquierda Republicana en Deleitosa. El maestro aceptó el cargo, pero no lo ejerció.
Cuando se produjo el golpe de estado, el maestro se encontraba nuevamente en Madrid con su mujer, lo que fue aprovechado por el alcalde de Deleitosa para cargar contra él, acusándolo de comunista y de haberse fugado a zona roja.
Como los intentos de localización del maestro por parte de la comisión depuradora de Cáceres, para comunicarle los cargos, resultaron infructuosos, se le sancionó con la separación definitiva del servicio, mientras él se encontraba con su mujer en Alicante, a la espera de regresar a Deleitosa en cuanto le fuera posible.
A su regreso, enterado de su cese y con otro maestro ocupando su puesto, el maestro solicitó la revisión de su expediente, con el apoyo de vecinos y nuevas autoridades locales, revisión que fue concedida dos años después. Tras las correspondientes alegaciones a los cargos y presentación de avales, nuevamente de los vecinos y autoridades, transcurridos que fueron otros dos años, atendieron sus alegaciones y dieron por amortizada la nueva sanción, con el tiempo que había transcurrido sancionado desde 1.936. Sin embargo, el maestro no pudo disfrutar de su reintegración al magisterio. Ya había muerto, al igual que su mujer, que lo hizo años atrás, por pura inanición, a decir de vecinos de la localidad, que aún recuerdan tan amargo trance. La tramitación del expediente había durado la friolera de ocho años.

Consideraciones finales.

El análisis de los expedientes de depuración de los maestros Evaristo Jiménez Sánchez, de Deleitosa y Jacinto Romero Pardo, de Navezuelas, obligan a realizar algunas apreciaciones en torno a la consideración que de los maestros se tenía en el ámbito de las Villuercas Bajas.
De forma general, puede entenderse demostrado que, en los primeros momentos de la rebelión armada, se produjo un ensañamiento de las autoridades con los maestros, informando sobre falsedades en torno a los mismos al aprovechar la coyuntura de caos.
Tras realizarse las acusaciones, los maestros se ven imposibilitados para demostrar su inocencia, aún aportando informes y certificaciones de conducta muy favorables, de los propios elementos del régimen en ciernes. Resultan vanos todos los intentos de exculpación, ante la presunción de culpabilidad impulsadas por los alcaldes, con la aquiescencia de los curas.
A ello se une la tremenda lentitud en la tramitación de los expedientes, tres años en un caso y ocho años en el otro, que origina que los maestros sufran, de hecho, mayor sanción que la que definitivamente se les impondría. En el caso de Jacinto Romero Pardo, se le comunican los dos años de sanción, cuando llevaba suspendido más de tres. En el caso de Evaristo Jiménez Sánchez, los dos años de sanción se le imponen cuando llevaba ocho años suspendido y, lo que es más grave, cuando ya había fallecido.
Ello había originado en ambos casos una angustiosa situación personal, ante la falta de ingresos para sostener a sus familias. Especialmente en el caso de Evaristo Jiménez, cuya esposa, a decir de los vecinos de Deleitosa que recuerdan el caso, había fallecido de pura inanición.
Sin embargo de todo ello, un hecho positivo quedó claramente de manifiesto. El apoyo del vecindario de las localidades de Deleitosa y Navezuelas a su respectivo maestro hizo, aún en las peores condiciones políticas, que imperara su apreciación y criterio, desenmascarando a las autoridades que, valiéndose de sus cargos, habían cargado las tintas sobre los maestros que estaban tratando de ilustrar a sus vecinos más pequeños, los niños. Triunfaría de esta forma LA REBELIÓN DE LOS JUSTOS.


[1] La realización de este trabajo se ha hecho con las ayuda concedidas por la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura, al amparo de las Órdenes por las que se convocan ayudas para la constitución de Grupos de Trabajo de Investigación sobre la Historia de la Educación en Extremadura.
[2] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (AHPC). Legajo sobre Educación. Sin clasificar. Documento de fecha 19 de agosto de 1.936.
[3] AHPC. Legajo sobre Educación. Sin clasificar. Documento de fecha 26 de agosto de 1.936.
[4] AHPC. Legajo sobre Educación. Sin clasificar. Documento de fecha 1 de septiembre de 1.936.
[5] Citado por DOMÍNGUEZ LÁZARO, M. “La escuela en Plasencia en la primera parte del siglo XX”, en Revista ALCÁNTARA  12 (septiembre-diciembre. 1.987).
[6] AHPC. Legajo sobre educación. Sin clasificar. Orden Ministerial de 28 de diciembre de 1.939.

AUTOR: JESÚS BARBERO MATEOS 

sábado, 1 de febrero de 2014

DIÓCESIS DE PLASENCIA.



El Obispado de Plasencia fue canónicamente erigida por el Papa Clemente III, (Pontificado de diciembre de 1187 a marzo de 1191),a instancias del Rey de Castilla Alfonso VIII, en el año 1189, poco después de la fundación de la ciudad por el referido monarca.
Aunque la
bula original no ha sido conservada, el texto íntegro se encuentra en un escrito posterior de Honorio III, el 14 de noviembre de 1221 por el que se confirma la creación del Obispado.
En esta época, existen dos datos de relevancia:
En junio de 1188, el Papa Clemente III insta a Pedro Tajador, Arcediano de Plasencia, para que someta a todos los placentinos a la autoridad del Obispado de Ávila.
El 1 de junio de 1190, firma una orden de donación del rey Alfonso VIII D. Bricio, ya como Obispo de Plasencia.
Con toda seguridad, se puede afirmar que la Diócesis comienza a existir como tal, ya desde 1189.
Desde el principio de su fundación, Plasencia perteneció a la sede metropolitana de Compostela, que sustituyó a la de Mérida, por entonces casi despoblada y en poder de los musulmanes.
A partir del concordato de 1851, y durante casi siglo y medio la diócesis placentina fue sufragánea de la Iglesia Metropolitana de Toledo. Finalmente el 28 de julio de 1994, el Papa Juan Pablo II creó la provincia eclesiástica Emeritense- Pacense que agrupaba a las tres diócesis extremeñas: Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres, Plasencia.
Geografía Diocesana: La bula fundacional señala los confines del obispado que comprende el término de Plasencia y las cuatro villas comprendidas dentro de la jurisdicción espiritual: Monfragüe, Trujillo, Santa Cruz y Medellín, “con todas sus pertenencias”. Plasencia y Ávila se disputan Béjar, que quedó finalmente perteneciendo a Plasencia.
Desde Fernando III (entre 1232-1234), en que se reconquista Trujillo y Medellín, hasta 1959 han permanecido intactos los límites diocesanos de Plasencia. En ese año pasaron a la diócesis de Ávila los pueblos abulenses que pertenecían al arciprestazgo de Beceda y se incorporaron al episcopado de Plasencia cuatro poblaciones salmantinas y dos cacereñas. Además se acabó con la anomalía de dos pueblos que a la vez pertenecían a las dos diócesis por estar ellos cruzados por la Vía de la Plata que separaba ambos obispados. Así las dos parroquias de Baños de Montemayor se adjudicaron a Plasencia y las dos de Aldeanueva del Camino a Coria Cáceres.
La extensión de la Diócesis es algo superior a los 10.000 km 2 repartidos en tres provincias: Cáceres (donde está la mayor parte del territorio diocesano y donde se localiza la capital del obispado, Plasencia), Badajoz (con ciudades como Don Benito, Guareña, Medellín patria de Hernán Cortés, Navalvillar de Pela) y Salamanca con la ciudad de BejarEl Obispado de Plasencia fue canónicamente erigida por el Papa Clemente III, (Pontificado de diciembre de 1187 a marzo de 1191),a instancias del Rey de Castilla Alfonso VIII, en el año 1189, poco después de la fundación de la ciudad por el referido monarca.
Aunque la bula original no ha sido conservada, el texto íntegro se encuentra en un escrito posterior de Honorio III, el 14 de noviembre de 1221 por el que se confirma la creación del Obispado.
En esta época, existen dos datos de relevancia:
En junio de 1188, el Papa Clemente III insta a Pedro Tajador, Arcediano de Plasencia, para que someta a todos los placentinos a la autoridad del Obispado de Ávila.
El 1 de junio de 1190, firma una orden de donación del rey Alfonso VIII D. Bricio, ya como Obispo de Plasencia.
Con toda seguridad, se puede afirmar que la Diócesis comienza a existir como tal, ya desde 1189.
Desde el principio de su fundación, Plasencia perteneció a la sede metropolitana de Compostela, que sustituyó a la de Mérida, por entonces casi despoblada y en poder de los musulmanes.
A partir del concordato de 1851, y durante casi siglo y medio la diócesis placentina fue sufragánea de la Iglesia Metropolitana de Toledo. Finalmente el 28 de julio de 1994, el Papa Juan Pablo II creó la provincia eclesiástica Emeritense- Pacense que agrupaba a las tres diócesis extremeñas: Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres, Plasencia.
Geografía Diocesana: La bula fundacional señala los confines del obispado que comprende el término de Plasencia y las cuatro villas comprendidas dentro de la jurisdicción espiritual: Monfragüe, Trujillo, Santa Cruz y Medellín, “con todas sus pertenencias”. Plasencia y Ávila se disputan Béjar, que quedó finalmente perteneciendo a Plasencia.
Desde Fernando III (entre 1232-1234), en que se reconquista Trujillo y Medellín, hasta 1959 han permanecido intactos los límites diocesanos de Plasencia. En ese año pasaron a la diócesis de Ávila los pueblos abulenses que pertenecían al arciprestazgo de Beceda y se incorporaron al episcopado de Plasencia cuatro poblaciones salmantinas y dos cacereñas. Además se acabó con la anomalía de dos pueblos que a la vez pertenecían a las dos diócesis por estar ellos cruzados por la Vía de la Plata que separaba ambos obispados. Así las dos parroquias de Baños de Montemayor se adjudicaron a Plasencia y las dos de Aldeanueva del Camino a Coria Cáceres.
La extensión de la Diócesis es algo superior a los 10.000 km 2 repartidos en tres provincias: Cáceres (donde está la mayor parte del territorio diocesano y donde se localiza la capital del obispado, Plasencia), Badajoz (con ciudades como Don Benito, Guareña, Medellín patria de Hernán Cortés, Navalvillar de Pela) y Salamanca con la ciudad de Bejar.

martes, 1 de octubre de 2013

Un monasterio, Guadalupe, y una abadía, Cabañas del Castillo, en los límites jurisdiccionales de la ciudad de Trujillo.


Alfonso x




Ignacio Plaza Rodríguez
I. UN MONASTERIO, EL DE GUADALUPE
En terrenos de Talavera, que comenzó a llamarse de la Reina, por haber concedido esta ciudad D. Alfonso XI, a su esposa Doña María de Portugal, y que se extendía durante la Edad Media, lindero con la jurisdicción de Trujillo, por oriente, hasta rebasar el río Guadiana. En el año 1337, en la dehesa de Iván-Román, se va a fundar la Puebla de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe. Y es en el año de 1340, el 25 de diciembre, cuando Alfonso XI concede a los ganados de la Puebla el que puedan pastar en terrenos de Talavera y de Trujillo. Privilegio que trae problemas, por llegar a ser numerosos los ganados del Monasterio.
Durante el reinado de Alfonso XI, se aparece en las proximidades de Guadalupe la imagen de la Virgen, y en la próxima Berzocana, las reliquias de los santos Fulgencio y Florentina.
También durante el reinado de este gran rey, que muere cuando está en el cerco de Gibraltar, se va a producir un hecho que va a alterar el curso de la historia de Castilla.
Casado, como queda dicho, con Doña María de Portugal, y sin tener descendencia la pareja real, conoce nuestro rey en Sevilla a una viuda joven de diecinueve años, muy fijos-dalga y considerada “la mujer más hermosa del reino”, es Doña Leonor de Guzmán. De los amores con esta hermosa dama va a quedar larga descendencia, mientras que la pareja real solo uno de los hijos habidos va a llegar a la mayoría de edad y a reinar con el nombre de Pedro I.
De la descendencia con Doña Leonor mencionaremos tan solo a D. Enrique, que reinará como II y se conocerá como el de las Mercedes, y al segundo que llegó al Maestrazgo de Santiago a los siete años, teniendo que vencer los dos inconvenientes; el de la edad y el de la bastardía.
Recordemos que aquella hermosa dama, la más hermosa del reino, va a pasar por estas tierras extremeñas haciendo detención en Llerena, donde se entrevista con D. Fadrique y continuando hasta Talavera, siempre en poder de su enemiga Doña María y en el Alcázar de esta ciudad va a morir a manos del criado de Doña María, Alfonso de Olmedo.
De D. Pedro I, con relación a Trujillo, sabemos que tuvo aquí el Tesoro Real, en la fortaleza de nuestro castillo, bajo el control de su tesorero, el judío Samuel Leví, que estaba considerado como uno de los hombres más ricos de Castilla, que patrocinó la construcción de la sinagoga del Tránsito, de Toledo, y a quien, para apoderarse de sus riquezas, mandó asesinar el rey.
De D. Enrique II, el primero de la Casa de Trastámara, que se llamó el de la Mercedes, tenemos aquí próxima la merced que hace de Cabañas del Castillo y sus aldeas a D. García Álvarez de Toledo, al que hace primer señor de Oropesa en atención a que estando D. Pedro defensor de Toledo, la entrega sin luchas a la fuerza D. Enrique.
Y como ya existía una venta, de tiempos de Alfonso X el Sabio, de Cabañas del Castillo a Trujillo, pero que por haberse reservado el rey los diezmos de las iglesias de la abadía no ofrecían pingues beneficios, la ciudad no había atendido y trajo luego multitud de pleitos, los que terminaron en la Cancillería de Granada.
Del segundo Trastámara, D. Juan I relacionado con Guadalupe, vamos a consignar que es el que manda a construir el Monasterio en virtud de las pruebas milagrosas que se sucedían y de las numerosas peregrinaciones que de Extremadura y otras regiones centrales del Reino se organizaban para conocer a la Virgen.
Con este rey se separan las dos ramas de Trastámara, en sus hijos Enrique que será III y D. Fernando que reinará en Aragón y se le conocerá como el de Antequera. Concierta el matrimonio de Enrique con Doña Catalina de Lancaster, heredera de la rama de D. Pedro I para evitar pretensiones sucesorias al trono y toma parte en la batalla de Aljubarrota contra los portugueses, donde los castellanos son derrotados quedando entre los prisioneros el importante D. Pedro López de Ayala, cronista de cuatro reyes y conocedor de cinco.
Gracias a aquella derrota existe en la Península una joya del gótico, el Monasterio de Batalha que difícilmente puede olvidar el que lo visita.
De D. Enrique, que con Doña Catalina de Lancaster son los primeros que en España se van a llamar los Príncipes de Asturias, que ya tendrán nuestros reyes en el futuro, no diremos más.
Y ahora es cuando cuadraría repetir aquellas coplas que se nos quedaron en la memoria en nuestra juventud “¿qué se hizo el rey D. Juan? los Infantes de Aragón ¿qué se hicieron?”.
Este niño de dos años, bajo la regencia de su tío D. Fernando y de su madre Dª Catalina es el de las famosas coplas y que va a llenar la mitad del siglo que comienza con su privado, D. Álvaro de Luna, que es otro gran bastardo en el centro del poder que entra en la corte de manos de D. Fernando de Aragón, que es luego el gran luchador contra sus hijos, los Infantes de las coplas y que de ser todo lo más, de tener los puestos de mando; condestable y demás beneficios, el de Maestre de Santiago; de ser Duque de Trujillo y luchador con García Sánchez de Quincoces en nuestra ciudad… De, en una palabra, poderlo todo, terminó en el cadalso en la plaza de Valladolid.
Los descendientes de D. Álvaro estaban considerados hasta tiempos de Felipe II, en que se les priva de los diezmos del mar, como las familias más ricas de España.
El Gran Impotente D. Enrique IV dejó su impronta en tierras trujillanas y, al final, sus restos mortales en el Monasterio.
Hizo frecuentes visitas a Guadalupe, donde terminó por poner casa a una de sus imposibles concubinas, a Doña Guiomar de Castro, hija natural de D. Álvaro de Castro, Conde de Monsanto, llamada la “Lusitaneja”.
Se le murió su valido, D. Juan Pacheco, en la próxima Santa Cruz de la Sierra, marchó a Madrid con la propuesta para el hijo, D. Diego, en los puestos de relevancia del padre y le llegó la noticia del apresamiento de su protegido por el Marqués de Osorno; el mismo noble que el frente de Cambil (Jaén), escoltó a la reina portuguesa, madre de Doña Juana hasta el frente, simulando un combate.
Nunca un trono pareció más tambaleante que este de Castilla durante el reinado de Enrique IV.
De una parte se atrevieron con él los portugueses con el pretexto de unos esponsales y los aragoneses, que no habiéndolo conseguido por las armas en tiempo de los Infantes, sobre todo de D. Juan, lo va a conquistar ahora con la unión de su hijo Fernando con la legítima heredera Isabel la Católica. Pero la historia, esa maestra de la vida, lo tenía determinado de otra manera; que aquella joven de dieciocho años que se une en matrimonio al príncipe de diecisiete, en Valladolid, en la sala rica de D. Juan de Vivero, va a reunir en su persona toda la voluntad, toda la fortaleza y toda la decisión y juicio que había faltado en su hermano y en su padre.
Y como de esta reina, cualquier actividad, cualquier decisión, sería suficiente para una y muchas historias, que ya están escritas, sólo diremos de su primer viaje a tierras extremeñas, dando el rodeo para llegar a Trujillo, de pasarse por Guadalupe, Puebla que visitaría, después, muchas veces acompañada de su esposo.
Guadalupe, centro mariano de Extremadura; foco de la cultura medical; emporio de riqueza ganadera, pila bautismal de indios…
En este primer viaje de Isabel a Extremadura con la opinión en contra del Consejo, habiendo firmado documentos en Madrid el día veinte de abril acompañada de una pequeña corte y con cartas muy precisas a su fiel Luis de Chaves para que conozca todos sus movimientos.
Aquel viaje de la reina Isabel la Católica, no lo hace acompañada de su esposo, D. Fernando, quien se dirige a la Meseta Norte para tomar posiciones aún en manos de los portugueses y sus aliados los nobles.
Conocemos la existencia de documentos firmados en Madrid, con fecha veinte de abril de 1477, en los que el Consejo no era partidario del viaje de la reina a tierras extremeñas, donde no existían plazas fuertes y a la vez leales; que el rey toma Cantalapiedra el veintisiete de mayo y que la reina, que ha optado por hacer el viaje a Extremadura, viniendo primero a Guadalupe, desde donde organiza la entrega de Trujillo, por la gestión de Gonzalo Baeza, su tesorero, ante el capitán guardián de la fortaleza, Pedro de Baeza, se encuentra en Trujillo el día catorce de ese mes de mayo.
La intervención personal de D. Diego López Pacheco, a quien ahora interesa aproximarse al partido de la reina, hace que por fin el día veinticuatro, Trujillo se encuentre en manos de Gonzalo de Ávila, señor de Villatorre, a quien la reina ha designado para tenerla en nombre de la Corona.
Durante estos días de continuos forcejeos, la reina aprovecha para organizar la defensa del triángulo Trujillo-Cáceres-Badajoz, que confía al clavero de Alcántara D. Alfonso de Monroy y al Conde de Feria, Gómez Suárez de Figueroa.
Nos hubiese gustado relatar el viaje desde Guadalupe hasta Trujillo, por las Villuercas, Berzocana, Aldeacentenera; pero la primura impide este regodeo.
Existían problemas en Cáceres entre las familias más importantes sobre la regiduría de la ciudad. Doña Isabel, que en los días finales de junio se encuentra en la capital, soluciona estas intrigas y manda desmochar las fortalezas para evitar la aparición de nuevos focos de resistencia. Y según las crónicas, marcha sola, hacia Andalucía, haciendo su entrada en Sevilla el día veinticuatro de julio.
La gente de Guadalupe, de Trujillo, de Cáceres, en una palabra, de Extremadura, de estas tierras de más acá del río Duero, han sentido la presencia de una reina joven, de unos rasgos no definidamente españoles; su faz rubicunda, su cara bolluda, su cabello que tira taheño, no representa el tipo netamente hispano; pero, su decisión, su juventud (tiene ahora la reina veintiséis años), han impresionado al auditorio. Y es que la reina sabía poner mucha teatralidad a sus actos, ya lo tenía demostrado.
II. CABAÑAS DEL CASTILLO.

Los límites asignados a la ciudad de Trujillo en su jurisdicción tienen por esta parte norte las aguas del río Almonte.
Leemos que Cabañas del Castillo está entre los ríos Almonte e Ibor, cosa no cierta. Cabañas está más al sur del río Almonte, entre éste y el río Berzocana, en una derivación de las Villuercas, y en esa prolongación de monte nace la garganta de Santa Lucía, que es de donde se surte de agua la ciudad de Trujillo.
Durante los tiempos de la Reconquista, Cabañas fue castillo importante y en su fortaleza se refugiaban las gentes de labraban las tierras cercanas o cuidaban allí sus ganados. Pertenecía esta fortaleza a la Orden de Calatrava y de dicha orden militar pasó a la Corona.
Finalizada la lucha con los árabes, aquellas gentes, bastante numerosas, fundan en terrenos más abajo del Almonte la aldea de Solana, justamente en el cruce del río Berzocana y pasado el río Almonte; en su nacimiento, Navezullas; junto al río Roturas y más abajo, cuando ya el Almonte ha recibido el Berzocana, el Valbellidos y el Garciaz, Retamosa. Y más al norte, junto al Ibor se reparte con Deleitosa, la campana de Robledollano. Esta era la situación y estos citados pueblos, van a formar una abadía famosa, la Abadía de Cabañas del Castillo.
Alfonso X, vende Cabañas y sus aldeas a la ciudad de Trujillo, pero se reserva el patronazgo de las iglesias, y manda, además –en esto se parece a la ReinaCatólica- que desmochen la fortaleza. Si tenemos en cuenta que la mayor riqueza de aquellas aldeas sería sin duda los diezmos, Trujillo no consideró buena compra la de Cabañas y dejó pasar sin interesarse por aquel territorio.
He hablada en la primera parte de una merced de D. Enrique II, y es esta de Cabañas.
En las luchas entre D. Pedro y D. Enrique, tiene confiada la ciudad de Toledo, D. Pedro a D. García Álvarez de Toledo y a su hijo Alfonso, e, incluso, a su hija que va a casarse con el príncipe de Portugal.
Llegadas las tropas de D. Enrique a Toledo, la ciudad se entrega sin resistencias (la entrega D. García) y esta acción es la que va a premiar D. Enrique, haciendo D. García Álvarez, Señor de Oropesa y de Valdecorneja y concediéndole la Abadía de Cabañas.
Si estando en el actual Aldeacentenera, terrenos de Trujillo en la fecha a que vamos a referirnos, bajamos hasta el río Almonte, nos admira la profunda hondonada por donde corre la corriente del escaso, de ordinario, río.
Bajamos por terreno de encinar que se prolonga hasta los llamados riberos; pero más allá de la corriente es otra la vegetación, ahora de retamas (Retamosa, tierra de retamas) y algún acebuche, como si una falla tectónica fuera el cauce profundo.
Los señores de Oropesa eran ganaderos importantes en tiempos de la Mesta y sus ganados, más los de los Condes de Deleitosa y los del Monasterio, tendrían, en fechas de avenidas, imposibilidad de pasar este río.
Y es debido a estas circunstancias, por lo que el último Señor de Oropesa, de acuerdo con el Concejo de Trujillo, construye, a sus expensas, “una puente”, la más importante de los tiempos medievales, toda ella de pizarra y argamasa, con unos cien metros de superficie, superior, con tres aliviaderos (dos de ellos en la parte de Trujillo y uno en la de Retamosa) y cinco grandiosos ojos, cuatro en arcos de medio punto y uno casi de perfecta ojiva. Existe una inscripción sobre uno de los pilares fechada en 1797, que dice de un arreglo.
Los tajamares, dos de ellos perfectos (los del primer arco de la parte de Trujillo o ribera izquierda) indican que por aquí, hace de quinientos años, discurría el río. Los restantes tajamares, alguno adosado y semicircular, son los que resisten ahora la corriente y uno de los pilares está tan derruido en su base que, de no acudir pronto, desaparecerá esta grandiosa obra tan desconocida.
Hemos tenido la suerte de encontrar el acta que dice de la construcción de este puente, que aquí es “la Puente del Conde”, dice:
“En el año 1460, a toque de campana se reunió el Concejo de Trujillo, en la Iglesia de Santiago, concurren: por el rey (Enrique IV) como notario público, Martín Alfón Pizarro; como escribano, por el prior y fraile de Guadalupe, Manuel García; y estuvieron presentes los honrados caballeros Diego de Carvajal, Diego Pizarro, Juan Hinojosa, Fernando Caldero; en calidad de regidores actuaron Luis Chaves, Sancho Paredes, Diego Hinojosa, Juan Corajo, el bachiller Juan Rodríguez de Almazán y Pedro Alfón de Orellana.
      Y, en nombre del Señor de Oropesa, el vecino de Cabañas, Diego Fernández Usasa”.
Que la puente se llame del Conde, encierra un error, toda vez que en el año 1460, que es el del acuerdo entre Trujillo y Cabañas del Castillo, D. Fernando Álvarez de Toledo sólo es Señor (el señorío que vimos concedió D. Enrique II) y es en el año 1477, en la ciudad de Sevilla, donde el día tres de agosto los Reyes Católicos, tenida cuenta de la lealtad de los señores Álvarez de Toledo, durante las guerras contra Alfonso V de Portugal, conceden el título de Conde al hijo del anterior citado, que tiene el mismo nombre y que viene a ser V. Señor y primer conde. Doña Leonor de Guzmán y Zúñiga era la madre del primer conde.
Las estipulaciones de la construcción de la puente son:

1. Que la ribera izquierda del río continuará siendo de la ciudad de Trujillo y, por consiguiente, quedan suyas, por siempre jamás, la tierra, hierbas, abrevaderos, pesca y madera de la citada margen.

2. Que Trujillo y su tierra tendría paso franco por la puente, tanto las personas como los ganados, sin que jamás tuvieran que pagar portazgo ni tributo alguno.

3. Que D. Fernando no podría construir torres ni fortalezas en los extremos de la puente, ni tampoco sus sucesores ni herederos, incurriendo, si así lo hacían, en la pena de 10.000 doblas de oro, que cobraría la ciudad de Trujillo.
Con posterioridad, los señores y condes de Oropesa, llegaron a un acuerdo con el Honrado Concejo de la Mesta, por el que se dice cobrarían dos cabezas por cada mil de cabrío o lanar que lo pasasen; con todas a la entrada o a la salida.
La importancia de esta Abadía de Cabañas nos la indica el que el rey de Portugal, D. Felipe II, hace oferta de ella a un sucesor de los Álvarez de Toledo, religioso, con la consignación de 2.000 ducados de beneficio.
Estas tierras de Cabañas y Deleitosa, que no siempre estuvieron muy de acuerdo (en las guerras contra Portugal, Deleitosa estuvo algún tiempo con los partidarios de Doña Juana), terminaron por estar unidas mediante enlaces matrimoniales; siendo unas veces de la Casa de Alba y otras de la de Frías (recuérdese que el primer Duque de Frías fue Fernando de Velasco, condestable y casado con la hijas bastarda de D. Fernando el Católico, Doña Juana de Aragón, hija de Doña Juana Nicolau).