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martes, 22 de marzo de 2016

Vida nueva para el risco de la Villuercas

La vía, que ahora es un homenaje al bache, llega hasta un centro militar de comunicaciones que cerró hace 19 años.

El 7 de mayo de 1995, domingo, 84 valientes subieron al risco de la Villuerca dando pedales. Era la última etapa de la XI Vuelta Ciclista a Extremadura. Salida desde Cáceres y paso por Trujillo, Zorita, Logrosán, Berzocana y Guadalupe antes de la ascensión final. «Cuando se entra en el camino que conduce al Centro Táctico escribió aquel día el periodista de HOY Antonio Barquilla , el pelotón se convierte en un largo rosario de ciclistas que a duras penas pueden pedalear para llegar hasta la cima». 21 años después, esa ascensión ciclista que el cronista calificaba como «durísima» solo está al alcance de quien tenga unas piernas de categoría y una bicicleta de montaña con buena amortiguación. Difícilmente hará la excursión deportiva quien le tenga un mínimo aprecio a su bici de ruedas finas.
La carretera que llega a las instalaciones que el Ejército tiene en el risco de la Villuerca son un homenaje al bache. Los hay a derecha e izquierda, y también en el centro; pequeños, medianos, grandes, del tamaño de un hoyo y unos cuantos con categoría de socavón. El paso de los años, la meteorología y la falta de uso han convertido la vía en difícilmente transitable para todo lo que no sea un todoterreno. Y la Diputación de Cáceres se ha propuesto mejorar esta fotografía.

Un itinerario turístico
En febrero, su presidenta, Charo Cordero, se sentó a la mesa con Ángel José Freixenet, el delegado de Defensa en Extremadura. Les acompañaron otros responsables de una y otra institución. «En la reunión informó luego el gobierno provincial se ha abordado la cesión de la carretera a la Diputación, para realizar un itinerario turístico que una los valores geológicos, naturales y culturales de ese significativo enclave del Geoparque Mundial Unesco Villuercas-Ibores-Jara».
No es casualidad que de los 45 geositios (lugares de visita recomendada por su especial interés) del Geoparque, el risco esté identificado con el número uno. Hay en Extremadura cotas más altas (el Calvitero, a 2.401 metros, o el pico La Covacha, a 2.390, entre otros), pero a ninguno de ellos se puede llegar en coche. Con los pies en el helipuerto del risco de La Villuerca, a 1.598 metros, el lugar ofrece una vista panorámica que justifica el viaje. «Si trazamos en un mapa dos líneas perpendiculares hacia el Atlántico, una hacia el oeste y otra hacia el sur, teniendo como vértice este punto, no encontraremos un punto más alto», explica Nicanor Gil González en su blog, titulado ‘Metamorphosis’. Él, que nació en Guadalupe pero vive en Plasencia donde coordina el Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán, junto a Juan Ramón Santos, actual presidente de la Asociación de Escritores de Extremadura, titula esa entrada ‘Pisando las nubes’. Cuenta en ella que «desde casi siempre, al menos una vez al año», tiene la costumbre de subir al risco. Y detalla también que el Centro Táctico número 2 (nombre originario de las instalaciones militares) es uno de los que hay «desperdigados por España, que servían para conectar las capitanías generales de los tres ejércitos con Prado del Rey, el Palacio de la Moncloa y el Palacio de la Zarzuela». Añade Gil, autor de la ‘Guía Histórica Ilustrada de Guadalupe’, que «estuvo operativo 22 años, desde 1975 hasta 1997, y que llegó a dar alojamiento a un centenar de militares.
De hecho, tuvo cantina, gimnasio y cine. Hoy, todo está en estado de abandono, tal como demuestran las fotografías que Aprodervi (Asociación para la Promoción y el Desarrollo Rural de la comarca de Villuercas, Ibores y La Jara) incluyó en su dossier de doce páginas titulado ‘Propuesta de estudio para la cesión del CT-2 Guadalupe para uso social, turístico y cultural’. En concreto, el colectivo proponía construir «un hotel rural donde antes se alojaban oficiales y suboficiales, un albergue donde lo hacía la tropa y un centro de interpretación donde antes había aulas y oficinas».

En octubre del año 2013, Aprodervi inició una campaña para conseguir el apoyo social a su idea de devolver la vida a las instalaciones militares. «Hemos escrito a todas las instituciones, incluido el rey Juan Carlos», explicaba el presidente del colectivo en aquellos días, en los que la Diputación de Cáceres, entonces gobernada por el PP, aseguraba estar en conversaciones con el Ministerio de Defensa para que le cediera el uso de la antigua base.

El actual equipo de gobierno de la institución provincial, del PSOE, no le pierde la pista a esta propuesta, aunque tiene claro que este es un objetivo a largo plazo, y que lo inmediato es conseguir que el Ejército le permita arreglar el acceso. «Los edificios nos interesan, pero será en otro momento, la prioridad ahora es conseguir la cesión de la carretera», confirma Charo Cordero, presidenta de la Diputación cacereña. «Desde el viernes (día 12), los técnicos están trabajando en el proyecto de la carretera, la idea es que el trazado sea el mismo», detalla la responsable de la institución. «Hasta el momento, la disposición del Ejército es positiva, hay buena voluntad, pero hasta que no tengamos el documento de cesión, que ya se solicitó en el año 2014, no se puede decir con total seguridad que podamos llevar adelante el arreglo de la carretera, que es una obra muy demandada por los alcaldes y los empresarios de la zona».
Cuando ese visto bueno sea oficial, la tarea será adecentar los once kilómetros de subida, con pendientes de entre el nueve y el once por ciento excepto en el tramo final, donde llegan a alcanzar el quince por ciento. Con el asfalto en condiciones, podría repetirse un final como el de la etapa reina de la Vuelta Ciclista a Extremadura del 95.

La carrera de aquel año la ganó un gallego, Gustavo Otero, del equipo Aguas de Mondariz. Pero el primero en el centro táctico fue un danés, Claus Michel Moller, del ACR. Once minutos después que él cruzó la meta Manuel Romera, de Mérida, ganador del maillot blanco al mejor ciclista extremeño de la prueba. Romera tenía entonces 19 años, y según escribió aquel día Barquilla, llegó al risco de la Villuerca «exahusto, rendido, agotado y necesitó de atención médica». Si el Ejército da su permiso, será posible repetir esa foto, la del domingo 7 de mayo de 1995 que muestra a un pelotón de hormigonados cuádriceps tirando del plato pequeño y el piñón más grande para alcanzar esa cima en la que si el día está claro, la vista llega hasta Portugal.

Fuente: http://www.hoy.es/extremadura/201603/14/vida-nueva-para-risco-20160314221054.html

lunes, 13 de julio de 2015

Partido de Truxillo




Título:
Partido de Truxillo
Fecha:
[1791-1829]
Edición:
[Cáceres] : Real Audiencia de Extremadura
Idioma:
Español
Publicaciones:
Cartografía de la Real Audiencia de Extremadura. Consejería de Cultura y Turismo: Mérida, 2008
Escala:
Escala de 8 leguas de 20 en grado
Medidas:
34 x 64 cm
Descriptores:
Se encuentra:
Institución


Archivo Histórico Provincial de CáceresSignaturaCondiciones de UsoContacto

martes, 1 de octubre de 2013

FORO CABAÑAS DEL CASTILLO III


Caminos, correos y teléfonos (III) (PARTE III DEL COMENTARIO “CAMINOS, CORREOS Y TELÉFONOS”).
estar en ese preciso instante en la central de teléfonos de su localidad a fin de celebrar la conferencia.
Al día siguiente la señora Z se encontraba en teléfonos un poco antes de la hora indicada, hora a la que también acudía al teléfono de Cabañas el señor X, y comenzaba la espera. Espera que sería exactamente igual de larga para ambos comunicantes, que podían sentarse en un banco de madera que a tal fin había en todos los locutorios telefónicos. Llegadas, digamos las doce horas y la central de zona no llamaba a Cabañas para establecer la solicitada comunicación, el señor X decía a la telefonista que qué ocurría, que no “sonaba el aparato”. Entonces la telefonista volvía a dar vueltas a la manivela y… “ ¡Logrosán!, tengo pendiente la conferencia de las 11’00 horas con Sabadell. ¿Cómo va?... ¡Ah, bueno!, pues hasta luego”. La telefonista colgaba el auricular, se daba la vuelta y comunicaba al señor X que su conferencia tenía una demora de unas dos horas. El señor X continuaba a la espera, pues si sólo eran dos horas ya había transcurrido una, así que no quedaba mucho… las 13’00 horas…. Las 13’30 y el señor X comenzaba a impacientarse. Nuevamente la telefonista llamaba a la central de zona: “ ¿Logrosán, cómo va mi conferencia?... Bien, bien, pues nada esperamos”.
Esta vez la telefonista comunicaba al señor X que en una media hora estaría todo listo, que había un poquito de demora más de lo normal pero que todo iba bien. ¡Coño!, pues media hora y si todo va bien esto está hecho, pensaba el señor que intentaba hablar con Sabadell. Las 14’00… “la cosa ya tenía que estar a punto”, pensaba el hombre…. ¡Rinnnng!, Rinnnng!, ¡Rinnnng!, ¡Rinnng!. “ ¡Cuatro llamadas, es para aquí!”, decía la telefonista un tanto eufórica a la vez que descolgaba la auricular. –“ ¡Dime Logrosán!… … … … ¡ah!, ya, sí, sí… bueno, pues ya se lo digo. Adiós”. La euforia se había ido y la mujer, con cara de circunstancias, comunicaba al señor X que la habían dicho que el tráfico estaba muy cargado y que no le podrían dar la conferencia antes de las 21’00 horas. Al Señor X, a pesar de ser un hombre paciente, se le escapaba alguna imprecación contra la Compañía Telefónica Nacional de España y la hora en que se llevó de Cabañas la centralita, a la vez que se iba a comer quedando en volver sobre las 20,00 horas, para ver qué pasaba. La telefonista, a la vez que soltaba el adiós de rigor, solía decir, haciéndose cargo de la situación, algo así como: “Lo siento mucho, pero ya ves aquí no tenemos la culpa, la cosa viene de fuera”… (No es necesario describir la situación de la Señora Z en Sabadell, por ser fácil de imaginar).
A las 20’00 horas, puntual como un clavo, el señor X estaba nuevamente junto al teléfono, esperando que sonara una hora después, pues sonaría. ¡Debía de sonar!. Desde las 11’00 de la mañana hasta las 21’00 horas, ya se habría “descargado el tráfico” y todo sería normal, al fin Sabadell estaba un poco retirado, casi al otro lado de España, pero tampoco estaba en el extranjero, así que a la hora que le habían indicado aquella caja de madera colgada en la pared sonaría… 21’15, silencio… 21’30… más silencio; el señor X volvía a impacientarse y la telefonista trataba de tranquilizarle diciéndole que tenía que estar a punto pues a las diez cerraban la central y ya quedaba poco, por lo que antes le darían la conferencia… 21’55… ¡Rinnnng!, Rinnnng!, ¡Rinnnng!, ¡Rinnng!. ¡Ya está aquí!, casi gritaban al mismo tiempo el señor X y la telefonista, quien descolgaba el auricular: ¡Dime Logrosán!, y se quedaba escuchando como una liebre. Esta vez ya no hablaba más, ni decía adiós a su compañera, sólo se daba la vuelta y con cara de penitente de Semana Santa soltaba al señor X: “La conferencia queda suspendida hasta mañana a las 12’00 horas aproximadamente. Ha habido una avería muy grande ahí por Guadalajara y hasta mañana no estarán reparadas las líneas y aunque estuvieran antes, ya sabes, a las veintidós se cierra el servicio”…. Solía seguir hablando pero el señor X ya no la oía, pues había salido por la puerta de la casa del teléfono bufando como un jabalí y esta vez ya no imprecaba contra nadie. Simplemente blasfemaba como un carretero, a la vez que prometía que el poste de teléfonos que habían puesto en su huerto cogería el hacha y se lo cargaría y así se lo hacía saber a la mujer cuando llegaba a casa con un cabreo como un genral, pero ésta le frenaba en seco. Le frenaba como sólo saben frenar las mujeres con esa inteligencia, intuición y mesura que la Naturaleza las ha dado: “Claro, te cargas el poste y ya me dirás cómo hablas con tú hermana. Y ya sabes que tienes un hijo en la mili, nada menos que en Ceuta, así que cuando quiera hablar contigo pues que pida permiso al sargento y venga andando a verte. Además acabarías detenido y lo peor es que tendríamos que pagar el poste y, ya me dirás cómo”….
Con esta serie de directos a la mandíbula el señor X quedaba KO. De inmediato se avenía a razones, bajaba la cabeza, cenaba sin decir ni pío, y al día siguiente a la hora indicada estaba sumisamente junto al teléfono. No relataremos las escenas del nuevo día que podían ser muy similares o idénticas al anterior ya descritas, pero valga decir que, con suerte, al caer la tarde, quizá a las 18’00 ó 20’00 horas conseguiría hablar con su hermana, la señora Z que vivía en Sabadell.
Indudablemente se ha reseñado un caso exagerado pero no extremo, que puede parecer un relato de ciencia ficción más que una realidad, pero ciertamente hubo casos más allá del expresado en el que establecer una conferencia se tardó dos o tres días, incluso algunas fueron anuladas por aburrimiento. No obstante debe decirse en honor a la verdad que el realizar una conferencia en estos tiempos solía tardar, por lo general varias horas, pero la mayoría se resolvían en el mismo día.
Quizá algún o algunos jóvenes lean este relato y como llevan un teléfono móvil en su bolsillo que, si es de última generación, sólo con decir en voz alta “señora Z” se establecería la conexión telefónica con Sabadell, les parezca que esto es algo impensable, un sistema que hacía a quienes le usábamos la vida imposible. No es así. En el fondo, a pesar de estas contrariedades, supuso para todos nosotros un avance en las comunicaciones importantísimo. Algo que nos permitía hablar en unas horas con nuestros familiares en Barcelona, Francia, Suiza, Alemania… etc., y eso era algo que no nos hacía la vida imposible, sino que nos hacía sentirnos felices, pues sólo unos meses atrás para comunicarnos con ellos teníamos que enviarles una carta y esperar la respuesta a veces quince días, a veces un mes, a veces la carta no llegaba nunca. Así que bienvenidos aquellos teléfonos que eran cajas de madera colgadas de las paredes pero que nos permitían oír a nuestros seres queridos estuvieran donde estuvieran.
¡Ah!, y esto no sólo sucedía en Cabañas, también en Solana, Retamosa, Roturas… y en cualquier pueblo de la geografía española, pues el sistema era el mismo, sólo que a unos les llegó antes que a otros. Los citados fueron de los últimos. Nada más.
En otra ocasión hablaremos de otros servicios, como la asistencia sanitaria, por ejemplo, que también tenía su encanto. 

FUENTE: FORO DE CABAÑAS DEL CASTILLO 
 Enviado por Castillo

martes, 3 de septiembre de 2013

FORO DE CABAÑAS DEL CASTILLO II

 
CABAÑAS DEL CASTILLO
Caminos, correos y teléfonos (II) (PARTE II DEL COMENTARIO “CAMINOS, CORREOS Y TELÉFONOS”).
Juntas, el de Las Corchas, el de La Vega y el del puente de El Conde, todos ellos en ruinas. Es indudable que nuestros antepasados aprovechaban al máximo la energía de la que disponían.
Estas comunicaciones terrestres fueron las únicas que unieron a Cabañas con sus alrededores desde su fundación poco después de la mitad de la Edad Media –entre los años 1100 y 1200-. (Debe entenderse al decir fundación el momento en que pasa a manos de los españoles, o cristianos si así se quiere expresar, pues es indudable que debió existir desde bastante tiempo antes al abrigo del castillo árabe, como mínimo desde que éste comenzó a construirse, y bajo la dominación de éstos), permaneciendo las mismas en el estado reflejado durante toda la Edad Moderna hasta el primer tercio del siglo pasado, -unos 700/800 años-, en que se construyó el primer camino vecinal que partiendo de Berzocana pasaba por Solana y transcurría por debajo de Cabañas, a un kilómetro aproximadamente, terminando en la dehesa de San Gregorio, unos dos kilómetros más adelante, junto a la ermita del mismo nombre, el que recibe del patrón del pueblo al que cobija en su interior.
Esta estrecha y deficiente carretera sólo resultaba útil para dirigirse hacia Solana, el resto de las comunicaciones siguieron igual hasta que al final de los años cincuenta se prolongó este camino vecinal hasta Retamosa, del cual, pasado el río Almonte, por su derecha salia el que uniría a Roturas y Navezuelas. Todos ellos de tierra y piedra no fueron asfaltados hasta bien entrados los años setenta, en que también se construyó un ramal que subió hasta la misma población de Cabañas a través de una calle que sólo era camino de herradura. Ello supuso que, al fin, pudieran los vehículos subir hasta la misma población, pues anteriormente ese kilómetro que había hasta llegar al camino vecinal (actualmente es el que une el Puerto de Miravete, o sea los túneles de la Autovía de Extremadura, con Cañamero y precisamente en estas fechas se está terminando su mejora de trazado y asfaltado), era problemático ante casos de urgencia. Como ejemplo se señala que durante los años sesenta se presentaron en Cabañas un caso de peritonitis y otro de apendicitis; dado que ambas personas que lo sufrían debían ser intervenidas quirúrgicamente, los vecinos se vieron obligados a transportarlos en una talanquera de madera de las utilizadas para hacer el vallado donde duermen ovejas y/o cabras, colocando sobre la misma un colchón y usándola a guisa de camilla. Una vez en el camino vecinal pudieron ser transportados en un vehículo hasta la Residencia Sanitaria –hoy Hospital San Pedro de Alcántara- de Cáceres, donde fueron intervenidos y, afortunadamente a pesar de las penalidades y tardanza del traslado, salvados. Uno de ellos terminó en la Guardia Civil y el otro en la Policía Nacional, quien sabe si en estas vivencias propias bajo condiciones tan difíciles, sus subconscientes captaron lo importante, y a veces trascendental, que es la ayuda entre las personas, y por eso eligieron profesiones de ayuda y servicio a la sociedad.
Por otro lado, una vez construida la red de carreteras con categoría de caminos vecinales, o sea la carretera más estrecha, -4 mts.-, que existen como tal en España, el autobús o coche de línea más próximo a Cabañas llegaba sólo hasta Retamosa, lugar al que había que ir y regresar andando para utilizarlo, o sea unos cinco kilómetros a través de riberos de jarales y caminos llenos de polvo o barro para tomar el autobús, y ello en invierno y en verano, de día y de noche, con frío y con calor. También tenían que desplazarse hasta Retamosa para el mismo fin los habitantes de Roturas. Los de Solana solían hacerlo a Berzocana, por cuestión de proximidad, no obstante había 7 kilómetros de distancia. Al día de hoy no es imaginable que estas situaciones puedan darse en ningún lugar de una nación desarrollada, pero lo cierto es que en Cabañas terminó hace muy escasos años –exactamente en la década pasada-, al circular diariamente un coche de línea por el mismo pueblo.
Hasta el año 1958, tal vez 1959, la única forma que tenían los habitantes de Cabañas del Castillo de transmitir o recibir noticias a distancia era a través del servicio de Correos. Todas las mañanas salía un correo-cartero, pues además de transportar la correspondencia también la repartía por los pueblos a sus destinatarios, -el tío Atilano, al que ya se ha referenciado en otros comentarios-, en burro o mulo hacia Retamosa, donde entregaba y recogía la correspondencia en su enlace con el coche de línea, el que la llevaba hasta Navalmoral de la Mata. Acto seguido se dirigía a Roturas y al caer la tarde regresaba a Cabañas, para repetir al día siguiente el mismo recorrido. También todas las mañanas salía otro correo-cartero desde Cabañas que pasaba por Solana y llegaba hasta Berzocana, donde enlazaba con el que hacía el servicio hasta Logrosán. Este correo si un día se hizo sobre caballería, desde la primera mitad del siglo pasado se hizo, primero en bicicleta, luego en motocicleta y por último en turismo, pues era un correo de enlace motorizado, que se llamaba, por lo que Correos subvencionaba la utilización de los vehículos. Regresaba hacia el mediodía a Cabañas para repetir diariamente el mismo recorrido.
A partir de los años citados al comienzo del párrafo anterior, la Compañía Telefónica Nacional de España, hoy Telefónica, tendió sus líneas por los pueblos más pequeños de Las Villuercas que aún no lo tenían, colocando en Cabañas como cabeza de municipio una centralita en el edificio que había albergado la antigua escuela, la cual estaba atendida por una familia formada por un matrimonio y sus tres hijos. Poco después de instalarla la Telefónica decidió trasladarla a Retamosa por haber un número más elevado de usuarios del servicio y dejar en Cabañas un teléfono. Los vecinos de Cabañas trataron de oponerse pero Telefónica recurrió a la Guardia Civil y, ante la presencia de una pareja, los operarios hicieron su trabajo sin problema alguno, dejando en Cabañas un solo teléfono, desde el que sus habitantes podían hablar y recibir llamadas, siempre a través del correspondiente “Aviso de Conferencia”. Es de suponer que haya muchas personas que sepan lo que era un “Aviso de Conferencia”, no así las más jóvenes, incluso muchas de mediana edad, por tanto se dirá en qué consistía, solamente para establecer la diferencia que había entre las comunicaciones telefónicas a través de aquellos sistemas y lo que es hoy hacer la misma operación a través del móvil que todos llevamos en el bolsillo.
Dado que las explicaciones técnicas se entienden peor que un simple ejemplo utilizaremos éste para mejor comprensión: Supongamos que el señor X, de Cabañas, quería hablar con la señora Z que estaba viviendo en Sabadell, Barcelona. Llegado el señor X al teléfono decía a la telefonista que deseaba poner un “Aviso de Conferencia” con Sabadell, para el día siguiente; por ejemplo a las 11’00 horas, facilitando acto seguido el nombre y dirección de la señora Z. A continuación la telefonista descolgaba el auricular presionando la horquilla de sujetarla con los dedos, de aquella especie de caja pegada a la pared con dos enormes campanas de timbres en la parte superior y comenzaba a girar una pequeña manivela para llamar a la central de zona, en este caso puede –casi con total seguridad- que fuera Logrosán, y lo hacía con un determinado número de llamadas para lo que paraba de vez en cuando de forma rítmica la manivela, pues había un código convenido. Por ejemplo: una llamada continua era para Retamosa, dos llamadas seguidas para Berzocana, tres llamadas consecutivas para la central de Logrosán, y para usted de contar porque no había más códigos ni posibilidades de otras comunicaciones desde aquel teléfono. Una vez que Logrosán contestaba, que solía hacerlo si la línea estaba bien y no había otros problemas técnicos, participaba a la telefonista de esta población que quería un “Aviso de Conferencia” para Sabadell para el día siguiente a las 11’00 horas, por lo que la telefonista de la central de zona tomaba los datos, quien a su vez transmitía la petición a la central provincial, en Cáceres, telefonistas que a su vez lo transmitían a Madrid, desde aquí a Barcelona y las telefonistas de esta capital lo participaban a Sabadell. Recibida la petición en el teléfono de Sabadell se escribían los datos de la señora Z, en especial su dirección, en un formato al efecto –eran de color amarillo-, y se llevaba en mano al interesado, o sea la señora Z. Una vez leído por ésta se enteraba que el señor X, de Cabañas, quería hablar con ella por teléfono al día siguiente a las 11’00 horas, por lo que ella debería..

jueves, 1 de agosto de 2013

FORO CABAÑAS DEL CASTILLO



(PARTE I DEL COMENTARIO “CAMINOS, CORREOS Y TELÉFONOS”). Corrían los primeros años de la segunda mitad del siglo XIII cuando Alfonso X de Castilla, llamado el Sabio, vendió Cabañas a Trujillo con la condición de que el castillo fuera derribado y conservar el patronazgo de las iglesias, las cuales constituían la Real Abadía de Cabañas del Castillo. Por ello era obligado que las vías de comunicación entre unas y otras poblaciones pasaran, o partieran que a la sazón viene a ser lo mismo, por la sede de la abadía. Sabido es que las iglesias a que nos referimos no eran otras que las Solana, Retamosa, Navezuelas, Roturas, Torrejón (ya desaparecido) y la mitad de Robledollano. Entre unas y otras poblaciones discurren los ríos Almonte y la Garganta de Santa Lucía, quedando al lado Este de estas corrientes de agua Cabañas y Solana y hacia el Norte y el Oeste el resto de las citadas. Al estar todas ellas situadas en terreno montañoso y escarpado las vías de comunicación no eran fáciles, discurriendo por inclinados senderos de difícil tránsito. Al ser escasa la diferencia de altitud entre Cabañas y Solana, el camino que partía de la primera hacia la segunda lo hacía por la Calle del Peñascal que no era otra cosa que un sendero-callejuela lleno de piedras, de escasos dos metros de ancho, entre paredes de cercados, continuando por la parte alta de “Las Cabezadas” donde una vez terminadas las paredes que le flanqueaban salía a monte abierto, continuando a media altura de la sierra de El Alcornocal, con ligera caída a medida que avanzaba hacia Solana, y aunque el piso era una continua pedrera, no bordeaba barrancos ni precipicios, discurriendo casi todo él a la sombra de los numerosísimos alcornoques, y también encinas, que crecen entre ambas poblaciones. A un kilómetro aproximadamente antes de llegar a Solana se alcanzaba la fuente de “Las Cofradías”, justo al borde de un arroyo llamado La Garganta de Solana, lugar donde era obligado parar para beber sus cristalinas y frescas aguas, pues era la primera fuente que se encontraba desde la salida de Cabañas. Luego, unos quinientos metros más arriba, se pasaba junto al molino del tío “Cestero” como todos le llamaban, pues además del oficio de molinero también hacía cestos y cestas de mimbres, el cual tenía una hija muy guapa y simpática, y era también sordomuda. Otros quinientos metros más y, tras pasar rozando la tapia del cementerio, aparecía Solana, y se entraba en ella por la calle principal que recorría el poblado de Norte a Sur, encontrándose a la mitad de la misma una acogedora plaza cuadrangular con una fuente con chorros continuos de agua y un pilar que hacía de abrevadero para las caballería, además de un portal en la puerta del cura donde las personas podían resguardarse de la lluvia, o del sol en su caso. No ocurría lo mismo con el resto de los caminos o senderos que comunicaban Cabañas con las demás poblaciones de la abadía. Justo por el lado opuesto de donde partía el de Solana, es decir por la “Fuente Castillo”, partía otro que al llegar a este punto se dividía en dos: el de la izquierda, que a través de la “Era de la Horca”, (popularmente La Era Lajorca), se dirigía directamente por empinados riberos hacia Retamosa pasando el río Almonte por un vado adecuado, si bien, sólo era practicable en verano y algunas veces en invierno, pues las lluvias de esta estación hacían crecer demasiado al río, en cuyo caso no era aconsejable aventurarse a pasarle ni “a pata”, ni con caballerías, pues no se puede perder de vista que estamos en su curso alto, donde la rapidez de las aguas y el arrastre de piedras, ramas y otros materiales, hacían muy peligroso intentar cruzarlo. Con el tiempo, cuando fue construida la carretera de Retamosa con el consiguiente puente que salvaba el río, desde la Era de la Horca se redirigió el camino para alcanzar dicho puente a través del ribero llamado Valhondo (Vajondo, popularmente). Volviendo de nuevo a la Fuente Castillo puede seguirse la otra rama del camino, o sea la que partía hacia el frente y torcía a la derecha para rebasar el perfil de la sierra, justo por encima de la Peña del Rayo, e internarse en la umbría por el lugar llamado “La Cuesta”, o sea, dónde los chicos iban a buscar sus pizarrines de caliza y al que ya se hizo referencia. Haciendo numerosos zig-zag iba dejando atrás la barrera de pronunciada pendiente, discurriendo entre rocas, piedras, jara, jaras churras, lentiscas, madroñas, brezos, matorrales y zarzales y un sinfín más de vegetales que entre todos ellos trataban continuamente de cerrar la senda para hacerse con el poco espacio del que en la espesura disponían, por ello y dado la altura del conjunto vegetal era difícil ver ni ser visto cuanto se transitaba, tanto andando como montado en burros, mulos o caballos. Ya casi al final de la bajada se separaba a la izquierda otra senda que llevaba hasta el molino del Risquillo, cuyo mecanismo era movido por las aguas debidamente canalizadas de la Garganta de Santa Lucía que corre por detrás de la sierra vista desde Solana, habiendo sido embalsada hace algunos años para proporcionar agua potable a la ciudad de Trujillo, situado unos 37 kilómetros de distancia en línea recta. Terminada la pendiente el viajero se topaba de pronto con un pequeño puente de piedra que salvaba la citada garganta y a continuación con otro similar que pasaba sobre el río Almonte, pues en este punto se juntan ambas corrientes y, siendo tan flacos sus caudales que en verano llegaba a secarse la primera, y quedar tan disminuida la segunda que podía pasarse por donde quiera de un simple salto, lo cierto es que en algunos días del invierno no había más solución que utilizar “Las Puentes”, como se llamaban, por imposibilidad física de cruzar las fuertes crecidas que se presentaban, las cuales a los pocos días bajaban considerablemente pues desde esta confluencia hasta sus nacimientos, las cuencas respectivas no son excesivamente largas. (En el Visor de Sigpac, aún son visibles restos de estas sendas, no así los puentes en cuestión que están ocultos por la vegetación que crece junto a las corrientes de agua). Nada más dejar atrás “Las Puentes”, a la izquierda salía el camino de Retamosa; a la derecha el de Roturas y Navezuelas, del que partía poco después hacía la izquierda –aproximadamente a la altura del Cancho de la Calera-, el de Torrejón y Robledollano. Todos ellos entre espeso monte bajo del que sobresalían alcornoques, robles, castaños y olivos, dependiendo de la altura. Además, llegada la noche en todos estos caminos se escuchaba frecuentemente una sinfonía en estéreo: el frecuente aullido de las manadas de lobos que por entonces eran muy abundantes. Contaban las personas más ancianas y que más habían transitado todas estas sendas que en noches de tormenta, en algunas ocasiones, con la luz de los relámpagos se veían brillar de forma fantasmagórica los ojos de los lobos próximos a los caminos, pues les gustaba bastante seguir en paralelo durante cierto tiempo con los viajeros, quizá movidos por la curiosidad, pues nadie relató nunca tener conocimiento de un ataque sobre los humanos, no así sobre toda clase de ganados fuera cual fuera su tamaño. Los árabes llamaron a este río Almonte, que quiere decir “el río de los lobos”, sus razones tendrían, pues esta zona estuvo bajo su dominio desde el año 720 hasta, aproximadamente, el año 1200, o sea unos 500 años en números redondo. Desde Cabañas también partía otro camino por la “Era del Chorro”, que atravesando el río Berzocana por “El Vado” se dirigía por Aldeacentenera hasta Trujillo, población ésta con la que estaba estrechamente ligada por vínculos comerciales, político, militares y de propiedad, tal como se dijo anteriormente. Este camino además de atravesar el río Berzocana, atravesaba también el río Garciaz, ambos sin puentes, por lo que si se encontraban crecidos, no había más remedio que volver al camino de “Las Puentes” y en dirección a Retamosa dirigirse río Almonte abajo para después cruzar ambos cauces, ya unidos, por el puente de El Conde (construido en 1477), el cual hace poco años ha sido restaurado debido al mal estado en que se encontraba. Como curiosidad se hace constar que entre “Las Puentes” y puente de El Conde –unos seis kilómetros en línea recta- había numerosos molinos, a saber: el de El Risquillo que se ha conservado hasta nuestros días, el Molino de Natalio, el de Jarillas, el de Las...