sábado, 14 de septiembre de 2013

martes, 3 de septiembre de 2013

FORO DE CABAÑAS DEL CASTILLO II

 
CABAÑAS DEL CASTILLO
Caminos, correos y teléfonos (II) (PARTE II DEL COMENTARIO “CAMINOS, CORREOS Y TELÉFONOS”).
Juntas, el de Las Corchas, el de La Vega y el del puente de El Conde, todos ellos en ruinas. Es indudable que nuestros antepasados aprovechaban al máximo la energía de la que disponían.
Estas comunicaciones terrestres fueron las únicas que unieron a Cabañas con sus alrededores desde su fundación poco después de la mitad de la Edad Media –entre los años 1100 y 1200-. (Debe entenderse al decir fundación el momento en que pasa a manos de los españoles, o cristianos si así se quiere expresar, pues es indudable que debió existir desde bastante tiempo antes al abrigo del castillo árabe, como mínimo desde que éste comenzó a construirse, y bajo la dominación de éstos), permaneciendo las mismas en el estado reflejado durante toda la Edad Moderna hasta el primer tercio del siglo pasado, -unos 700/800 años-, en que se construyó el primer camino vecinal que partiendo de Berzocana pasaba por Solana y transcurría por debajo de Cabañas, a un kilómetro aproximadamente, terminando en la dehesa de San Gregorio, unos dos kilómetros más adelante, junto a la ermita del mismo nombre, el que recibe del patrón del pueblo al que cobija en su interior.
Esta estrecha y deficiente carretera sólo resultaba útil para dirigirse hacia Solana, el resto de las comunicaciones siguieron igual hasta que al final de los años cincuenta se prolongó este camino vecinal hasta Retamosa, del cual, pasado el río Almonte, por su derecha salia el que uniría a Roturas y Navezuelas. Todos ellos de tierra y piedra no fueron asfaltados hasta bien entrados los años setenta, en que también se construyó un ramal que subió hasta la misma población de Cabañas a través de una calle que sólo era camino de herradura. Ello supuso que, al fin, pudieran los vehículos subir hasta la misma población, pues anteriormente ese kilómetro que había hasta llegar al camino vecinal (actualmente es el que une el Puerto de Miravete, o sea los túneles de la Autovía de Extremadura, con Cañamero y precisamente en estas fechas se está terminando su mejora de trazado y asfaltado), era problemático ante casos de urgencia. Como ejemplo se señala que durante los años sesenta se presentaron en Cabañas un caso de peritonitis y otro de apendicitis; dado que ambas personas que lo sufrían debían ser intervenidas quirúrgicamente, los vecinos se vieron obligados a transportarlos en una talanquera de madera de las utilizadas para hacer el vallado donde duermen ovejas y/o cabras, colocando sobre la misma un colchón y usándola a guisa de camilla. Una vez en el camino vecinal pudieron ser transportados en un vehículo hasta la Residencia Sanitaria –hoy Hospital San Pedro de Alcántara- de Cáceres, donde fueron intervenidos y, afortunadamente a pesar de las penalidades y tardanza del traslado, salvados. Uno de ellos terminó en la Guardia Civil y el otro en la Policía Nacional, quien sabe si en estas vivencias propias bajo condiciones tan difíciles, sus subconscientes captaron lo importante, y a veces trascendental, que es la ayuda entre las personas, y por eso eligieron profesiones de ayuda y servicio a la sociedad.
Por otro lado, una vez construida la red de carreteras con categoría de caminos vecinales, o sea la carretera más estrecha, -4 mts.-, que existen como tal en España, el autobús o coche de línea más próximo a Cabañas llegaba sólo hasta Retamosa, lugar al que había que ir y regresar andando para utilizarlo, o sea unos cinco kilómetros a través de riberos de jarales y caminos llenos de polvo o barro para tomar el autobús, y ello en invierno y en verano, de día y de noche, con frío y con calor. También tenían que desplazarse hasta Retamosa para el mismo fin los habitantes de Roturas. Los de Solana solían hacerlo a Berzocana, por cuestión de proximidad, no obstante había 7 kilómetros de distancia. Al día de hoy no es imaginable que estas situaciones puedan darse en ningún lugar de una nación desarrollada, pero lo cierto es que en Cabañas terminó hace muy escasos años –exactamente en la década pasada-, al circular diariamente un coche de línea por el mismo pueblo.
Hasta el año 1958, tal vez 1959, la única forma que tenían los habitantes de Cabañas del Castillo de transmitir o recibir noticias a distancia era a través del servicio de Correos. Todas las mañanas salía un correo-cartero, pues además de transportar la correspondencia también la repartía por los pueblos a sus destinatarios, -el tío Atilano, al que ya se ha referenciado en otros comentarios-, en burro o mulo hacia Retamosa, donde entregaba y recogía la correspondencia en su enlace con el coche de línea, el que la llevaba hasta Navalmoral de la Mata. Acto seguido se dirigía a Roturas y al caer la tarde regresaba a Cabañas, para repetir al día siguiente el mismo recorrido. También todas las mañanas salía otro correo-cartero desde Cabañas que pasaba por Solana y llegaba hasta Berzocana, donde enlazaba con el que hacía el servicio hasta Logrosán. Este correo si un día se hizo sobre caballería, desde la primera mitad del siglo pasado se hizo, primero en bicicleta, luego en motocicleta y por último en turismo, pues era un correo de enlace motorizado, que se llamaba, por lo que Correos subvencionaba la utilización de los vehículos. Regresaba hacia el mediodía a Cabañas para repetir diariamente el mismo recorrido.
A partir de los años citados al comienzo del párrafo anterior, la Compañía Telefónica Nacional de España, hoy Telefónica, tendió sus líneas por los pueblos más pequeños de Las Villuercas que aún no lo tenían, colocando en Cabañas como cabeza de municipio una centralita en el edificio que había albergado la antigua escuela, la cual estaba atendida por una familia formada por un matrimonio y sus tres hijos. Poco después de instalarla la Telefónica decidió trasladarla a Retamosa por haber un número más elevado de usuarios del servicio y dejar en Cabañas un teléfono. Los vecinos de Cabañas trataron de oponerse pero Telefónica recurrió a la Guardia Civil y, ante la presencia de una pareja, los operarios hicieron su trabajo sin problema alguno, dejando en Cabañas un solo teléfono, desde el que sus habitantes podían hablar y recibir llamadas, siempre a través del correspondiente “Aviso de Conferencia”. Es de suponer que haya muchas personas que sepan lo que era un “Aviso de Conferencia”, no así las más jóvenes, incluso muchas de mediana edad, por tanto se dirá en qué consistía, solamente para establecer la diferencia que había entre las comunicaciones telefónicas a través de aquellos sistemas y lo que es hoy hacer la misma operación a través del móvil que todos llevamos en el bolsillo.
Dado que las explicaciones técnicas se entienden peor que un simple ejemplo utilizaremos éste para mejor comprensión: Supongamos que el señor X, de Cabañas, quería hablar con la señora Z que estaba viviendo en Sabadell, Barcelona. Llegado el señor X al teléfono decía a la telefonista que deseaba poner un “Aviso de Conferencia” con Sabadell, para el día siguiente; por ejemplo a las 11’00 horas, facilitando acto seguido el nombre y dirección de la señora Z. A continuación la telefonista descolgaba el auricular presionando la horquilla de sujetarla con los dedos, de aquella especie de caja pegada a la pared con dos enormes campanas de timbres en la parte superior y comenzaba a girar una pequeña manivela para llamar a la central de zona, en este caso puede –casi con total seguridad- que fuera Logrosán, y lo hacía con un determinado número de llamadas para lo que paraba de vez en cuando de forma rítmica la manivela, pues había un código convenido. Por ejemplo: una llamada continua era para Retamosa, dos llamadas seguidas para Berzocana, tres llamadas consecutivas para la central de Logrosán, y para usted de contar porque no había más códigos ni posibilidades de otras comunicaciones desde aquel teléfono. Una vez que Logrosán contestaba, que solía hacerlo si la línea estaba bien y no había otros problemas técnicos, participaba a la telefonista de esta población que quería un “Aviso de Conferencia” para Sabadell para el día siguiente a las 11’00 horas, por lo que la telefonista de la central de zona tomaba los datos, quien a su vez transmitía la petición a la central provincial, en Cáceres, telefonistas que a su vez lo transmitían a Madrid, desde aquí a Barcelona y las telefonistas de esta capital lo participaban a Sabadell. Recibida la petición en el teléfono de Sabadell se escribían los datos de la señora Z, en especial su dirección, en un formato al efecto –eran de color amarillo-, y se llevaba en mano al interesado, o sea la señora Z. Una vez leído por ésta se enteraba que el señor X, de Cabañas, quería hablar con ella por teléfono al día siguiente a las 11’00 horas, por lo que ella debería..

viernes, 2 de agosto de 2013

Comunidad judía de Guadalupe.

Al sureste de la provincia de Cáceres, sobre la falda de la Sierra de Altamira y en un profundo valle de la comarca de Las Villuercas, se sitúa La Puebla de Guadalupe. Desde las torres y almenas de su monasterio podemos disfrutar de este pueblo serrano y de su paisaje colorista. La presencia de los judíos en Guadalupe, se remonta a los primeros años del siglo XIV, cuya comunidad forma un pequeño núcleo de población en torno a La Puebla. Los conflictos de 1391 y de 1476 marcan el declive del judaísmo guadalupense con la conversión de numerosas familias al cristianismo. Judíos y conversos tienen una destacada participación e influencia en la economía y sociedad civil en la época, que se desarrolla en medio de un tenso clima de hostilidades. Hacia los años de 1480 la población de Guadalupe, tanto comercial como industrial estaba constituida en su mayoría por judíos los cuales eran pudientes e influyentes, incluso durante el priorato de fray Juan de Guadalupe (23.9.1469 a 1475) llegaron a ser prestamistas del mismo monasterio. Influían en el partido de la Beltraneja, siendo el partido Isabelino, en el que militaban los cristianos viejos, que eran los genuinamente nacionales. El Monasterio a través de fray Rodrigo de Salamanca, fray Alonso de la Rambla, fray Juan de Avilés y sobre todo, la de fray Diego de Marchena favorecía a judíos y conversos. Por ello se nombro al P. Arévalo Inquisidor de Guadalupe, junto con el Dr. D. Francisco Sánchez de la Fuente, Provisor de Zamora y D. Pedro Sánchez de la Calancha, los cuales llegaron a Guadalupe en diciembre de 1484, instruyendo varios procesos, entre ellos el seguido contra fray Diego de Marchena, quemado vivo el día 2 de agosto en medio de la plaza, con asistencia de todo el convento, previa degradación sacerdotal. Después de varios procesos y ejecuciones, el 3 de diciembre de 1485 salían de Guadalupe los inquisidores, no sin antes haber publicado un decreto, por el que eran expulsados de la Puebla doscientos confesos. Los frailes rechazaron al principio los bienes confiscados a los judíos ofrecidos por los reyes católicos, pero al final los aceptaron, empleándolos en la obra del Palacio u Hospedería Real, levantado al suroeste del monasterio, obra comenzada en 1487 bajo planos y dirección del maestro Juan Guas, y terminada en 1492, habiéndose gastado la cantidad de 2.073.733 maraveds, de los cuales 1.450.233 eran de los confiscados a los judaizantes. A principios del siglo XV la detención de un cristiano en Guadalupe, que había asesinado a un judío fuera de La Puebla, en tierras de Oropesa, fue causa de disturbios y de cierta revuelta antisemita. En 1485 el número aproximado de conversos era de 230 familias (el 19% de la población) que por judaizantes, recibieron la pena del destierro, en el proceso inquisitorial celebrado en Guadalupe. No tuvo judería propiamente dicha con sinagoga y separación total de los cristianos. Existen algunos vestigios de una comunidad menor, pequeña, en la calle Veneno, actualmente Choro Gordo, en la que vivían algunas familias judías y después conversas. En el Monasterio de Guadalupe, en la capilla de Santa Ana, existe un cristo de la Colada, que según cuenta la leyenda o fábula a finales de 1577 mientras Felipe II se entrevistó en dicha localidad con el rey de Portugal, un judeo converso, mesonero de profesión, torturó a un cristo de madera y lo escondió en un cesto de la colada. La efigie maltratada destiló un reguero sanguinolento que descubrieron miembros del ejército real que estaban comiendo en el mesón. La familia del profanador se dio a la fuga y los valerosos soldados de la cristiandad depositaron la imagen ultrajada en dicha capilla.

Fuente: Centro de Documentación y Estudios Moisés de León.

jueves, 1 de agosto de 2013

FORO CABAÑAS DEL CASTILLO



(PARTE I DEL COMENTARIO “CAMINOS, CORREOS Y TELÉFONOS”). Corrían los primeros años de la segunda mitad del siglo XIII cuando Alfonso X de Castilla, llamado el Sabio, vendió Cabañas a Trujillo con la condición de que el castillo fuera derribado y conservar el patronazgo de las iglesias, las cuales constituían la Real Abadía de Cabañas del Castillo. Por ello era obligado que las vías de comunicación entre unas y otras poblaciones pasaran, o partieran que a la sazón viene a ser lo mismo, por la sede de la abadía. Sabido es que las iglesias a que nos referimos no eran otras que las Solana, Retamosa, Navezuelas, Roturas, Torrejón (ya desaparecido) y la mitad de Robledollano. Entre unas y otras poblaciones discurren los ríos Almonte y la Garganta de Santa Lucía, quedando al lado Este de estas corrientes de agua Cabañas y Solana y hacia el Norte y el Oeste el resto de las citadas. Al estar todas ellas situadas en terreno montañoso y escarpado las vías de comunicación no eran fáciles, discurriendo por inclinados senderos de difícil tránsito. Al ser escasa la diferencia de altitud entre Cabañas y Solana, el camino que partía de la primera hacia la segunda lo hacía por la Calle del Peñascal que no era otra cosa que un sendero-callejuela lleno de piedras, de escasos dos metros de ancho, entre paredes de cercados, continuando por la parte alta de “Las Cabezadas” donde una vez terminadas las paredes que le flanqueaban salía a monte abierto, continuando a media altura de la sierra de El Alcornocal, con ligera caída a medida que avanzaba hacia Solana, y aunque el piso era una continua pedrera, no bordeaba barrancos ni precipicios, discurriendo casi todo él a la sombra de los numerosísimos alcornoques, y también encinas, que crecen entre ambas poblaciones. A un kilómetro aproximadamente antes de llegar a Solana se alcanzaba la fuente de “Las Cofradías”, justo al borde de un arroyo llamado La Garganta de Solana, lugar donde era obligado parar para beber sus cristalinas y frescas aguas, pues era la primera fuente que se encontraba desde la salida de Cabañas. Luego, unos quinientos metros más arriba, se pasaba junto al molino del tío “Cestero” como todos le llamaban, pues además del oficio de molinero también hacía cestos y cestas de mimbres, el cual tenía una hija muy guapa y simpática, y era también sordomuda. Otros quinientos metros más y, tras pasar rozando la tapia del cementerio, aparecía Solana, y se entraba en ella por la calle principal que recorría el poblado de Norte a Sur, encontrándose a la mitad de la misma una acogedora plaza cuadrangular con una fuente con chorros continuos de agua y un pilar que hacía de abrevadero para las caballería, además de un portal en la puerta del cura donde las personas podían resguardarse de la lluvia, o del sol en su caso. No ocurría lo mismo con el resto de los caminos o senderos que comunicaban Cabañas con las demás poblaciones de la abadía. Justo por el lado opuesto de donde partía el de Solana, es decir por la “Fuente Castillo”, partía otro que al llegar a este punto se dividía en dos: el de la izquierda, que a través de la “Era de la Horca”, (popularmente La Era Lajorca), se dirigía directamente por empinados riberos hacia Retamosa pasando el río Almonte por un vado adecuado, si bien, sólo era practicable en verano y algunas veces en invierno, pues las lluvias de esta estación hacían crecer demasiado al río, en cuyo caso no era aconsejable aventurarse a pasarle ni “a pata”, ni con caballerías, pues no se puede perder de vista que estamos en su curso alto, donde la rapidez de las aguas y el arrastre de piedras, ramas y otros materiales, hacían muy peligroso intentar cruzarlo. Con el tiempo, cuando fue construida la carretera de Retamosa con el consiguiente puente que salvaba el río, desde la Era de la Horca se redirigió el camino para alcanzar dicho puente a través del ribero llamado Valhondo (Vajondo, popularmente). Volviendo de nuevo a la Fuente Castillo puede seguirse la otra rama del camino, o sea la que partía hacia el frente y torcía a la derecha para rebasar el perfil de la sierra, justo por encima de la Peña del Rayo, e internarse en la umbría por el lugar llamado “La Cuesta”, o sea, dónde los chicos iban a buscar sus pizarrines de caliza y al que ya se hizo referencia. Haciendo numerosos zig-zag iba dejando atrás la barrera de pronunciada pendiente, discurriendo entre rocas, piedras, jara, jaras churras, lentiscas, madroñas, brezos, matorrales y zarzales y un sinfín más de vegetales que entre todos ellos trataban continuamente de cerrar la senda para hacerse con el poco espacio del que en la espesura disponían, por ello y dado la altura del conjunto vegetal era difícil ver ni ser visto cuanto se transitaba, tanto andando como montado en burros, mulos o caballos. Ya casi al final de la bajada se separaba a la izquierda otra senda que llevaba hasta el molino del Risquillo, cuyo mecanismo era movido por las aguas debidamente canalizadas de la Garganta de Santa Lucía que corre por detrás de la sierra vista desde Solana, habiendo sido embalsada hace algunos años para proporcionar agua potable a la ciudad de Trujillo, situado unos 37 kilómetros de distancia en línea recta. Terminada la pendiente el viajero se topaba de pronto con un pequeño puente de piedra que salvaba la citada garganta y a continuación con otro similar que pasaba sobre el río Almonte, pues en este punto se juntan ambas corrientes y, siendo tan flacos sus caudales que en verano llegaba a secarse la primera, y quedar tan disminuida la segunda que podía pasarse por donde quiera de un simple salto, lo cierto es que en algunos días del invierno no había más solución que utilizar “Las Puentes”, como se llamaban, por imposibilidad física de cruzar las fuertes crecidas que se presentaban, las cuales a los pocos días bajaban considerablemente pues desde esta confluencia hasta sus nacimientos, las cuencas respectivas no son excesivamente largas. (En el Visor de Sigpac, aún son visibles restos de estas sendas, no así los puentes en cuestión que están ocultos por la vegetación que crece junto a las corrientes de agua). Nada más dejar atrás “Las Puentes”, a la izquierda salía el camino de Retamosa; a la derecha el de Roturas y Navezuelas, del que partía poco después hacía la izquierda –aproximadamente a la altura del Cancho de la Calera-, el de Torrejón y Robledollano. Todos ellos entre espeso monte bajo del que sobresalían alcornoques, robles, castaños y olivos, dependiendo de la altura. Además, llegada la noche en todos estos caminos se escuchaba frecuentemente una sinfonía en estéreo: el frecuente aullido de las manadas de lobos que por entonces eran muy abundantes. Contaban las personas más ancianas y que más habían transitado todas estas sendas que en noches de tormenta, en algunas ocasiones, con la luz de los relámpagos se veían brillar de forma fantasmagórica los ojos de los lobos próximos a los caminos, pues les gustaba bastante seguir en paralelo durante cierto tiempo con los viajeros, quizá movidos por la curiosidad, pues nadie relató nunca tener conocimiento de un ataque sobre los humanos, no así sobre toda clase de ganados fuera cual fuera su tamaño. Los árabes llamaron a este río Almonte, que quiere decir “el río de los lobos”, sus razones tendrían, pues esta zona estuvo bajo su dominio desde el año 720 hasta, aproximadamente, el año 1200, o sea unos 500 años en números redondo. Desde Cabañas también partía otro camino por la “Era del Chorro”, que atravesando el río Berzocana por “El Vado” se dirigía por Aldeacentenera hasta Trujillo, población ésta con la que estaba estrechamente ligada por vínculos comerciales, político, militares y de propiedad, tal como se dijo anteriormente. Este camino además de atravesar el río Berzocana, atravesaba también el río Garciaz, ambos sin puentes, por lo que si se encontraban crecidos, no había más remedio que volver al camino de “Las Puentes” y en dirección a Retamosa dirigirse río Almonte abajo para después cruzar ambos cauces, ya unidos, por el puente de El Conde (construido en 1477), el cual hace poco años ha sido restaurado debido al mal estado en que se encontraba. Como curiosidad se hace constar que entre “Las Puentes” y puente de El Conde –unos seis kilómetros en línea recta- había numerosos molinos, a saber: el de El Risquillo que se ha conservado hasta nuestros días, el Molino de Natalio, el de Jarillas, el de Las...

lunes, 1 de julio de 2013

Caídos por el bando nacional de Navezuelas.

Cartel del bando nacional


Listado de caídos del bando nacional en la Guerra Civil española de Navezuelas según el blog "Los otros Nombres"

Francisco Ramiro Sánchez
Hipólito Fernández Durán
Fabián Durán Cerezo
Jesús Sánchez Ríos
Anesio Alonso Cortijo
Urbano Alonso Cordero

Fuente: "Los otros Nombres"

Una hierba mágica.

Hypericum perforatum.
Recuerdo de pequeño ver colgadas en los balcones de Navezuelas, cruces hechas con unas hierbas, según mi abuelo era la hierba de San Juan, y estas tenían la función de ahuyentar al diablo y malos espíritus entre otras cosas, eran como un escudo mágico en la fachadas de las casas, la verdad es que la hierba de San Juan tiene un gran valor medicinal, aunque ciertamente no sé si aquellas plantas colgadas en los balcones eran "Hypericum perforatum", nombre cientifico de la misma.
En un magazine on line llamado "waste" encontré un artículo curiosos sobre la hierba de San Juan según el cual en algunos lugares llaman leña de brujas y flor de cruces, tiene una serie de propiedades que la hacen la más adecuada para una noche que se considera mágica y muy especial. Es una especie con propiedades esotéricas, ya que según dicen quienes las usan, espanta bruja y demonios, y como todas las plantas que se recolectan para hacer los ramos sanjuaneros, tienen propiedades mágicas y curativas que se potencian si se cogen por la mañana, cuando aún tienen gotas de rocío, o por la tarde, cuando empiezan a despertar tras el letargo provocado por el calor de toda la jornada. Un incremento de poderes que se hace patente, sobre todo, en la víspera de San Juan. Existe la creencia de que la Artemisia (manzanilla) posee su máximo poder mágico y curativo en esta época, entre el fin de la primavera y el inicio del verano.Si os apetece leerlo os dejo el enlace es muy interesante.
http://waste.ideal.es/hierbasdesanjuan.htm

Foto:http://waste.ideal.es/